30 ago. 2009

Por fin una comedia desenfadada


(..)Los cuatro embocan la tonalidad justa en la culminante escena del vómito, y a partir de entonces calzan y despliegan todos los matices. Aitana Sánchez-Gijón borda el difícil rol de Verónica, la más puñetera, la que más se contiene y más tarda en revelar su verdadera naturaleza. Pere Ponce viaja en dirección contraria: de la brutalidad inicial, desabrochada, bronca y sin complejos, un poco a la manera de Luis Varela, hasta el progresivo hundimiento, precedido de una jubilosa epifanía de fraternidad masculina. Antonio Molero está igualmente estupendo cuando al fin revela toda su amargura reprimida y lanza devastadoras cargas de profundidad contra las cadenas del matrimonio y la paternidad, y Maribel Verdú se lleva la parte del león componiendo esa Ana que comienza como muñequita que siempre dice sí y acaba escupiendo una cadena de noes feroces e innegociables. Da gusto ver esta función.

Yasmina Reza

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